Desde que vi, hace ya unos cuantos meses, la película V de Vendetta tuve una gran curiosidad por acercarme al cómic (o novela gráfica, como se prefiera).Estas navidades, Crisis me regaló la edición completa y he podido comparar las dos obras. La verdad es que me han gustado mucho ambas, aunque quizás me decantaría por el original.
La película tiene diversos puntos diferentes y que se podrían deducir: menos tiempo de desarrollo de la historia, menos personajes y menos profundidad en ellos... vamos, lo de toda adaptación. Y, además, la película añade algunos momentos de acción extra y sofoca un poco el tema anárquico que es el principal en el cómic.
Esto, lejos de ser un ultraje, creo que es un acierto porque el cómic dispone de bastante tiempo para exponer la anarquía con tranquilidad y quizás en la película la cosa hubiese quedado un poco panfletaria. Y, claro, no se si los estudios de Hollywood hubiesen dejado a los hermanos Wachowski centrarse mucho en ello.
Lo que si gana, y mucho, en el cómic son los personajes secundarios y lo importante que son aunque, en un principio, no lo parezca. Me recuerda un poco a lo que ya dije hace unos dias sobre Galactica. Todos tienen una razón de ser y, al final, la imagen de V empujando la ficha de dominó queda como anillo al dedo.
Otra cosa de la que difiere la película al cómic es el final, aunque los dos son muy convenientes a su medio. La película nos propone un momento muy emotivo en el que todos los ciudadanos de Londres van a ver la destrucción del Parlamento vestidos de V y, al final, se quitan la máscara. En el cómic, Evey empieza a divagar sobre quien podría estar detrás de la máscara para al final comprender que no importa, que esté quién esté nada podrá igual al mito en el que se ha convertido. Lo importante es que el mensaje de las dos obras es el mismo: todos somos V.


Lo siguiente es anunciar algo: ¡me he enganchado a 
Hay películas que son clásicos indiscutibles del séptimo arte. No hablo del cine clásico en blanco en negro, si no esas películas que, aunque no hayas visto nunca, sabes de ellas, de su argumento, de los actores... Incluso, a veces, las anécdotas o curiosidades sobre ellas. Un clásico es esa obra que es imprescindible.